Bienvenida al programa

Te doy la bienvenida

Antes de entrar, me gustaría decirte algo.

Si has llegado hasta aquí, probablemente no necesites que te convenza de los beneficios del yoga, de la meditación o de dedicarte algo de tiempo. A estas alturas ya sabes que ciertas cosas ayudan.

Ayudan a respirar mejor, a vivir con más presencia, a escuchar el cuerpo antes de que tenga que gritar y a sostener el día con más de equilibrio.

Lo curioso es que saberlo no siempre es suficiente.

De hecho, una de las cosas que más me ha llamado la atención después de muchos años acompañando personas es comprobar la enorme distancia que puede existir entre lo que sabemos y lo que hacemos. 

Sabemos lo que nos hace bien. Sabemos lo que nos ayuda. Sabemos incluso lo que necesitamos en determinados momentos de nuestra vida. Y aun así, con una facilidad brutal, somos capaces de alejarnos de ello durante semanas o meses sin apenas darnos cuenta.

No suele ocurrir de golpe.

Nadie se levanta una mañana pensando: “voy a abandonar aquello que me ayuda a estar mejor”.

Sucede de una manera mucho más sutil.

Un poco menos de atención.

Un poco menos de cuerpo.

Un poco menos de silencio.

Un poco menos de presencia.

Y mientras tanto seguimos ocupados, entretenidos, distraídos y convencidos de que ya volveremos cuando tengamos más tiempo.

El verano tiene algo de eso.

Y no porque sea algo malo.

Al contrario.

El verano está para descansar, para salir de la rutina, para viajar, para compartir tiempo con otras personas y para aflojar ciertas estructuras que durante el año nos sostienen. 

El problema aparece cuando junto a las obligaciones también dejamos atrás aquello que nos ayudaba a encontrarnos con nosotros mismos.

Entonces empiezan a pasar cosas curiosas.

Seguimos haciendo muchas cosas y cada vez nos sentimos menos presentes en ellas.

Tenemos más tiempo libre y menos sensación de espacio interior.

Nos entretenemos más y nos cuidamos menos.

Y acabamos confundiendo ambas cosas.

Por eso he creado este programa.

No para exigirte más.

No para que conviertas julio y agosto en una carrera de productividad espiritual.

El mundo ya está lleno de personas intentando hacer más cosas de las que realmente pueden sostener.

La propuesta es mucho más sencilla.

Se trata de mantener un vínculo.

Un pequeño hilo.

Algo que te permita volver una y otra vez a aquello que sabes que te hace bien antes de que la distancia sea demasiado grande.

No encontrarás aquí una lista de tareas que completar.

Encontrarás prácticas. Reflexiones. Preguntas. Meditaciones y clases a las que podrás acudir cuando lo necesites. Algunas te servirán mucho. Otras quizá menos. No importa.

Lo importante es que esto exista cuando lo necesites.

Que una mañana puedas hacer una práctica.

Que una noche puedas escuchar una meditación.

Que una pregunta te acompañe durante varios días.

Que una reflexión te ayude a darte cuenta de algo que habías olvidado.

A veces pensamos que el cambio ocurre en los grandes momentos de inspiración.

Mi experiencia me dice que suele ocurrir en gestos más honestos. Una respiración consciente. Diez minutos de práctica. Una pausa hecha a tiempo. Un momento de honestidad con uno mismo.

Este programa está construido precisamente para eso.

Para ayudarte a no perder del todo el contacto con aquello que durante el año has ido cultivando.

Porque perderse es humano.

Dispersarse es humano.

Olvidarse de uno mismo durante un tiempo también es humano.

Aunque lo importante no es no perderse. Lo verdaderamente importante es darse cuenta y saber volver.

Espero que este espacio te acompañe durante el verano.

Y sobre todo, espero que te ayude a recordar algo que probablemente ya sabes:

Que muchas veces no necesitamos hacer más, sino recordar aquello que nos hace bien.

Nos vemos dentro.

Fran